EL TRASFONDO DE LAS EMOCIONES

La mayoría de los problemas que se desarrollan en la juventud responden a una falta de equilibrio en la inteligencia emocional

La familia y los profesores son determinantes para el desarrollo de la inteligencia emocional.

MELANIE SOLER Las decisiones que se toman en la adolescencia determinan en muchos casos el rumbo de tu vida. Un embarazo no deseado o el coqueteo con las drogas y el alcohol son algunos de los caminos que hacen que se lleve un ritmo diferente al que familiares y allegados habían planeado y las preguntas sobre en qué momento pasó, en muchos casos se responden con una frase: una baja inteligencia emocional (IE), ya que supone un factor determinante.

La IE es la habilidad de las personas para ver, comprender y expresar las emociones y existen diferencias entre aquellos que tienen niveles bajos y altos. Jóvenes con un peor manejo emocional, reacciones impulsivas, conductas disruptivas y actitudes antisociales son algunas de las características de aquellos que tienen una Inteligencia Emocional baja y que supone un riesgo para su propia salud.

Aquellos que tienen mayor equilibro en la IE resuelven los problemas de manera más pacífica, tienen más capacidad para relacionarse y son cooperativos. Además, tienen mejor rendimiento académico y cuando son adultos sacan mejores notas en materias como lenguaje o matemáticas.

La mayoría de los problemas, hasta los relacionados con la crisis, se basan en una mala gestión de las emociones y nuestra cultura se ha olvidado de desarrollar la inteligencia emocional. Así lo explica el catedrático en Psicología de la Universidad de Málaga, Pablo Fernández Berrocal, que trabaja desde 1996 en esta vertiente, desde el Laboratorio de Emociones de la UMA, y es la persona que dirige el programa Intemo. Se trata de un proyecto que desde hace cinco años se lleva a cabo en Andalucía y que nació con el propósito de comprobar si al trabajar en las aulas la Inteligencia Emocional de los adolescentes descendía su consumo de drogas, eran menos violentos y mejoraba el rendimiento.

Los resultados demostraron que bajan entre un 10 y 25 por ciento este tipo de conductas negativas. Desde que comenzó este proyecto, los profesionales encargados han tratado a 2.500 niños en edades entre 12 y 17 años con 12 sesiones de una hora en clases dinámicas y prácticas que ofrecen las herramientas necesarias para regular sus emociones. Ejercicios como adivinar lo que transmiten los compañeros o aprender a cambiar un estado de ánimo, en sí mismo y en los demás, son algunas de las tareas que realizan y que pertenecen al módulo de la percepción de emociones.

Trabajar en estos aspectos da resultados pasados dos años, es por ello que Fernández Berrocal comienza el próximo curso a trabajar con menores de tres años, la edad que, según él, es la apropiada ya que se trata de una «etapa crítica» y los beneficios son posibles a los dos meses. Reitera la importancia de introducir la IE de manera transversal en los planes educativos. Formar a profesores, ya que costear psicólogos no resulta económico, para que introduzcan en sus asignaturas la IE es el paso previo para conseguir el reto de que se implante en la educación y, para ello, Fernández Berrocal elaboró el informe, a través de la Fundación Botín, La inteligencia que España necesita se puede desarrollar, en el que aboga por la necesidad de implantarla en los actuales planes.

El papel de los profesores es un aspecto determinante para que el joven logre el equilibrio, pero el de las familias también. En aquellas que estén desestructuradas y en las que no haya normas y límites, los jóvenes tienden a una menor IE, aunque el caso opuesto, núcleos familiares completos y demasiado autoritarios, tampoco son positivos para los jóvenes, ya que responden con conductas negativas. Fernández Berrocal apuesta por un punto intermedio como clave para alcanzar un buen nivel de la necesaria inteligencia emocional.

Fuente: www.laopiniondemalaga.es